Te aprecio

-¿Vendes cigarrillos sueltos?
-Sí...
-Dame uno.
Lo prendí y segui caminando, sabía que te habías escondido, pero igual seguí caminando. Te vi parado, simulando estar esperando el colectivo, segui caminando, y me pasaste por al lado, con los auriculares puestos -por qué sos tan lindo- y seguí como si nada, pero en mi cabeza solo estabas vos.
Paré en la parada que todas las mañana me hace recordarte, y vos también te detuviste. El cigarrillo se había terminado pero mis ganas de pararme en frente tuyo y mirarte no.
¿No te alcanza con que te quiera?
Hablamos en aquella parada como dos desconocidos, y te sentí tan lejos, tan distante. Tenía ganas de llorar, los ojos se me pusieron vidriosos, no me quería ir, solo te quería a vos. Quería abrazarte, y decirte que pasé un largo tiempo esperando a alguien así, pero no podía creer que existiera semejante persona, tan genial en todos los aspectos. No exagero, es el tipo de persona que no te encontras en cualquier lado, tan incompatible conmigo.
Me estaba aguantando las lagrimas, no podía hacer eso, no podía llorar. Te diste cuenta, y te alarmaste, dejaste de lado el papel de desconocido, a toda costa querías saber que me pasaba. Empecé a caminar, por una calle de adentro, y vos venías a la par, tratando de convencerme para que te cuente, pero no podía, no lo ibas a entender, sos especial; de la manera más linda.
Finalmente paramos, quería decirte lo que me molestaba, para evitarme las cosas cursis, y terminamos hablando de mis metodos para relajarme, y ser "feliz".
Desde ese día, esa tarde, esa noche, las cosas cambiaron, y ya no estoy feliz.

"Primero tienes que aprender a quererte a ti mismo para querer a otro"

Comentarios