Hoy aprendo a descubrirme, a saber quién soy. Siempre seré absurdo, siempre contradictorio: el hijo divertido pero problemático de mis viejos, el hermano canchero, el novio obsesivo, el paquete superficial, el amigo incondicional, el amante traidor, el hijo de puta reventado, el flaco anoréxico, el gordo obeso. Juego con mis papeles: veo películas incansablemente. Juego a sentirme alegre con mis primos, a tener dolor de panza de tanto reírme, a sentirme gordo, triste, miserable, usado, enérgico. A sentirme útil escribiendo, a sentirme inútil cuando me releo, a reírme cuando me decís que te gusta que llore, a maldecirme porque sé que estás enferma, a odiarme porque me encanta que lo estés. A amarte cuando no te soporto, a odiarte cuando te pareces a mí, a amarme cuando me parezco a vos, a que me cueste respirar cuando te escucho. Me voy. A eso: a sentir. ¿Quién soy? soy yo. ¿Cómo soy? Verás ¡soy tantas cosas!
Me entiendo en mi desorden, en mi incoherencia. Soy todo, depende del día.

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