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Días de marzo

Tengo una angustia en el pecho, muy difícil de identificar. Supongo que siempre le tuve miedo a la vida...¿quién no? Pero hoy, otro sentimiento me lleva a querer escribir. Lo extraño. Lo extraño tanto. Y estoy en la disyunta de tragarme mi orgullo, mi independencia, y hablarle, o seguir. Como un mártir por la vida. De alguna forma voy a aprender a estar sin él...pero ¿quiero? El 2018 fue uno de esos años, donde fui extremadamente feliz, incluso con todos los golpes. Él fue parte de eso, y lo guardo en mi corazón para siempre. Quiero entender que esa felicidad puede brotar de mí. Quiero pensar que no lo necesito para sonreír. Que raro se siente el mundo sin su presencia. Siento que me apago. Pero no, no me voy a apagar. Y el mundo va a seguir girando, o eso me cuentan... Quiero. Deseo. Con todas mis fuerzas, ser feliz. Te voy a extrañar, pero va a llegar el momento en el cual escuche una canción, y no me voy a poner triste porque te quiero abrazar. Me duelen los brazos, los ojos y...
Hoy vi llorar a un hombre. Salí del trabajo y decidí que iba a ir al cine. Busqué la próxima función y me metí en el subte. La sala estaba prácticamente vacía, habían alrededor de 10 personas: unos jóvenes y un señor. Me senté y en la oscuridad me sumí en lo que habían sido meses de espera. Amo el cine; se enciende la pantalla, y los espectadores atentos, con las bocas llenas de pochoclos, se acomodan sin culpa en sus asientos, a espiar los secretos de una historia que no les pertenece... Qué hermoso es el cine. Qué maravilloso se siente volar, sangrar, ver el mundo desde el espacio, y el beso...mientras me deleito con la Patogonia, llega la noche y prenden una fogata. La inocencia del deseo, la excitación y la vergüenza, hacen reinar el silencio en cada uno de nosotros, la audacia le da lugar, y él le pide que cierre los ojos. A regañadientes acepta. Se acerca despacio y por unos segundos, por unos segundos nos aguantamos el aire, y despacio, con electricidad, le da un beso...Y vien...

Avellana

Entre cucharas de dulce de leche. El reloj marca las 7:47. Se acerca despacio para meterse entre mis piernas. El mármol se siente frío y a mí solo me sale mirarlo. Me sonríe con los ojos; es tan lindo cuando sonríe así. Y me pide una cucharada. Él no come calorías, pero quiere mi sabor. Eso nos une: un vínculo íntimo, de desafío, poder, amor y voluntad, y al mismo tiempo una espontaneidad ingenua. Me brota el deseo de tocarlo y que se derrita en mis manos. Embotellarlo. Apoyar mis labios, entrecerrar los ojos y beber de él. Verlo morir de placer; un amanecer encerrado en su rostro. Me abraza con sus pestañas. Dios, tocarlo debe ser como tocar el cielo. Me invita a quemarme. Le doy una cucharada y me mira. Sus ojos me lo piden. Y es como si el mismísimo dios me invitará al paraíso. Lo beso. Me besa. Nos besamos. Paro a mirarlo. Quiero verlo, quiero creerlo. Estoy mirando al sol. En sus ojos, en su piel: un universo. Cuantas veces mire al cielo buscando explicaciones, vida; hoy me doy cu...