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Quizá

De vez en cuando me encuentro, otras me pierdo, pero siempre, siempre, termino con ganas de escribir. Hoy me escribo para mí, o mejor dicho, me escribo para ordenarme... Vivo y me cuestiono (todo el tiempo), pienso que nada es como yo lo veo, como yo creo que es y me imagino en una crisis pero mi exterior intacto. Siempre dije que las palabras para mí son mucho, pero son incontables las veces que me encuentro mudo, las palabras me limitan y mis sentimientos sobrepasan cualquier entrada o frase. Todo esa introducción para decir que voy a estudiar Letras (sin dejar abogacía), todo esto para darme la posibilidad de poder dejar a otro leer de mí. No tarde en darme cuenta que no puedo ser uno solo, no puedo limitarme y si lo hago, me empiezo a sentir mal y yo quiero ser feliz, aunque sea un ratito todos los días, aunque sea morir un poquito cada día pero de risa. Y es que últimamente tengo un miedo terrible, un secreto, tengo miedo a fracasar, a perder tiempo y mi gran moto entra en jueg...
Incluso cada noche sin hablarme ni tocarme, me daba algo aún más bonito...me daba amor. Un amor raro, de esos que uno no idealiza, pero que cumple y llena, que te hace suspirar y también, te hace sentir chiquito. Porque siempre siento que no va a caber, siento que va a desaparecer. Déjeme contarle, déjeme decirle, señor, desde que usted apareció apareció en mi vida...de hecho, cada día hasta los soleados y en los que el cielo se cae, usted me hace sentir rosa. Vivo y brillante, irritante, irritado, de tanta dulzura.
De vez en cuando Laurent se movía contra él sin despertarse. Damen estaba acostado en el calor al lado de él y sentía el suave cabello rubio contra su cuello, el ligero peso de Laurent en los lugares donde se tocaban. Afuera, el turno de las almenas estaba cambiando y los sirvientes se habían levantado, atendiendo los fuegos y agitando las teteras. Afuera, el día estaba comenzando y todas las cosas relacionadas con él, centinelas y  mozos de cuadra, los hombres levantándose y  armándose para la pelea. Pudo escuchar el distante grito de un saludo en un lugar del patio; cerca del sonido de una puerta cerrándose. Solo un poco más, pensó, y podría haber sido un deseo mundano el querer dormitar en cama excepto por el dolor de su pecho. Sentía el paso del tiempo como una presión que crecía. Era consciente de cada momento porque era uno de los últimos que tendría. Durmiendo al lado de Damen, había un nuevo aspecto físico de Laurent: la firme cintura, el torso con la musculatura ...